Tres visiones de Jerusalén

Morada de la divinidad y sitio del primer Templo de la Ciudad Eterna para los judíos, Ciudad Santa y poseedora de los secretos de la vida de Jesús para los cristianos, lugar hacia donde será trasladada la Piedra Negra de la Meca para que se produzca el fin de los tiempos para los musulmanes.

Son tres definiciones para una misma ciudad mitad real, mitad alegoría, en la que conviven las tres cosmovisiones de las religiones monoteístas.

Jerusalen

En su recorrido por Jerusalén al viajero percibirá cómo se entrecruzan a cada paso estas tres dimensiones de la ciudad. El Monte de los Olivos, la Ciudad de David, la Vía Dolorosa, la Basílica del Santo Sepulcro, el Monte del Templo y la Mezquita de la Roca están rodeados por aquel halo invisible que poseen los símbolos.

Para el pensamiento hebreo, Jerusalén es símbolo de todo el pueblo judío. La destrucción de la ciudad en donde estuviera emplazado el Reino de David tuvo como consecuencia la Diáspora, el exilio del pueblo judío. El estado ruinoso de la ciudad en el año 70 d.C. es también alegoría de la opresión y el destierro del pueblo. Todos los días los hebreos repiten en su oración de acción de gracias después de la comida la frase “Reconstruyamos rápidamente Jerusalén, la Ciudad Santa”. Los sionistas toman su nombre de Sion, una de las formas de referirse a la ciudad.

En cambio, Jerusalén representa para los cristianos la ciudad testigo de los hitos fundamentales de la vida Jesús y depositaria de las reliquias de la Iglesia del Santo Sepulcro. Existe también otra Jerusalén, la celeste, que será el lugar en donde vivan los cristianos luego del Apocalipsis.

Fue la dinastía Omeya quien comenzó a hacer de Jerusalén una de las más importantes ciudades musulmanas del mundo. “Una oración en la Meca equivale a diez mil en cualquier otro lugar, una oración en Medina equivale a mil y una en Jerusalén a quinientas”, reza un refrán popular. Para la religión musulmana, el fin de los tiempos ocurrirá cuando la Piedra Negra de la Meca sea llevada al Monte del Templo en Jerusalén.

Un viaje a Jerusalén siempre tiene dos dimensiones, la admiración de sus bellezas terrenales como las playas, paisajes desérticos, callejuelas y monumentos y una dimensión espiritual, en donde se entrecruzan los sentidos, símbolos y definiciones que cada pueblo otorga a la ciudad.

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